Porque Esdras había dedicado su corazón a estudiar la ley del Señor, y a practicarla, y a enseñar Sus estatutos y ordenanzas en Israel. (Esdras 7:10 NBLA)
En devocionales anteriores, leemos acerca de los temas de estudiar, escuchar, y memorizar la Palabra de Dios. ¡Todo de eso es bueno para nosotros!
Yo he meditado en el libro de Esdras. Específicamente Esdras 7:10 me llamó la atención. Quiero que este versículo sea la verdad en mi vida. Creo que sería increíble tener un testimonio de ser alguien quién estudiaba, obedecía, y enseñaba la Palabra de Dios.
Muchas veces he dicho y escrito que estoy seguro de que al conocer a Dios más y más a través de Su Palabra, Lo amaremos y Lo quisiéramos servir a Él más y más. Amando y sirviendo a Dios son los resultados naturales de conocerlo a Él.
Para Esdras, el resultado natural de estudiar la Palabra de Dios era obedecerla. Esto es el poder que la Palabra de Dios tiene en nuestras vidas cuando empieza a formar parte de nosotros – es natural que queramos obedecer. La verdad, no tenemos ninguna otra opción, ni queremos ninguna otra opción aparte de la obediencia.
Por el hecho de que tenemos el privilegio conocer a Dios más y más, podemos ver y experimentar más y más de Su bondad, Su justicia, Su poder, Su gracia, Su misericordia, y más. La conclusión obvia para el cristiano es, “Debo seguir a Cristo, y es bueno hacerlo.”
Lo bueno – estudiando, obedeciendo, y enseñando la Palabra de Dios no es solamente para las personas especiales, como Esdras. No es solamente para los pastores, los maestros, o los misioneros. ¡Es para todos! De hecho, es la gran comisión:
Acercándose Jesús, les dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:18-20).
Todos de nosotros, como seguidores de Cristo, podemos estudiar, obedecer, y enseñar la Palabra de Dios. Y no solo podemos, sino tenemos el privilegio hacerlo. ¡Dios es bueno para con nosotros!