9 Entonces Nehemías, que era el gobernador, y Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este día es santo para el Señor su Dios; no se entristezcan, ni lloren». Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la ley. 10 También les dijo: «Vayan, coman de la grasa, beban de lo dulce, y manden raciones a los que no tienen nada preparado; porque este día es santo para nuestro Señor. No se entristezcan, porque la alegría del Señor es la fortaleza de ustedes». 11 Los levitas calmaron a todo el pueblo diciéndole: «Callen, porque el día es santo, no se entristezcan». 12 Entonces todo el pueblo se fue a comer, a beber, a mandar porciones y a celebrar una gran fiesta, porque comprendieron las palabras que les habían enseñado. (Nehemías 8:9-12 NBLA)
De La Tristeza A La Felicidad
En estes versículos de Nehemías, el pueblo de Dios pasa de ser increíblemente triste a increíblemente feliz. ¿Qué pasó? Al escuchar la Palabra de Dios que se leía y explicaba, estaban tristes porque se dieron cuenta de que no estaban siguiendo a Dios de la manera que Él esperaba que lo siguieran. Pero Nehemías animó al pueblo de Dios diciendo: “la alegría del Señor es la fortaleza de ustedes.” El versículo 12 entonces explica que el pueblo se volvió extremadamente feliz, porque habían entendido la Ley de Dios que se les habían explicado.
La misma Palabra que trajo una tristeza increíble fue la misma Palabra que trajo extrema alegría. ¿Cuál fue la diferencia? La diferencia era la obediencia. El pueblo de Dios estaba triste cuando se dio cuenta de su desobediencia, y estaban felices cuando se dieron cuenta de que obedecer a Dios conducía a un gozo extremo.
Sólo Tiene Sentido
Sólo tiene sentido que obedecer la Palabra de Dios conduzca a una alegría extrema. Después de todo, ya hemos visto en devocionales anteriores que Dios es perfectamente feliz. En Su Palabra, realmente Él nos muestra el camino para ser felices. La manera de que seamos felices es tener nuestra vida enfocada en Él.
Además, piense en esta verdad. Puesto que la verdadera felicidad sólo se puede encontrar en Dios, y ya que nuestro pecado nos ha separado de Dios, y ya que no podemos estar justos con Dios sin Jesús, la realidad es que Jesús es nuestra única fuente de verdadera felicidad. Además, es Jesús quien permite nuestra obediencia.
Jesús es el cimiento de nuestro gozo. Dios quiere que persigamos verdadero gozo que es solamente encontrado en Él por medio de Jesucristo. ¡Tenemos a un buen Dios!