Filipenses 1:9-10: 9 Y esto pido en oración: que el amor de ustedes abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, 10 a fin de que escojan lo mejor, para que sean puros e irreprensibles para el día de Cristo; 11 llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios.
No es posible ganar el favor de Dios. No podemos hacer cosas buenas para estar bien con Dios. Sin embargo, Jesús hace la diferencia. Tenemos una relación correcta con Dios, porque Dios nos justificó por medio de Jesús.
Supongo que, en algún momento de nuestras vidas, todos hemos tratado de ganar el favor de Dios, con el resultado de que estábamos muy frustrados porque fallamos miserablemente. Una vez que nos frustramos, comenzamos a preguntarnos cómo Dios realmente podría amarnos, así que intentamos más para fracasar de nuevo y llegar a ser aún más frustrados. Todo esto conduce a más y más frustración. Parece que el ciclo nunca termina.
Quizás para aquellos de nosotros que verdaderamente creemos que Dios nos ama no importa lo que hagamos, comenzamos a preguntarnos cómo a Dios le caemos bien (o cómo Él puede disfrutarnos). Así es como explico una diferencia entre amar y caerse bien. A veces, durante nuestra niñez, mi hermana y yo peleábamos. Recuerdo que había veces que mi mamá me preguntaba: “¿No amas a tu hermana?” Mi respuesta siempre era, “Sí, mamá, amo a Julie, simplemente no me cae bien”.
Creo que a veces realmente creemos que Dios nos ama, simplemente no podemos imaginar cómo a Él le caemos bien (o nos disfruta).
Pablo deja claro que tenemos una relación correcta con Dios a través de Jesús. ¡Él hace la diferencia por nosotros! En los versículos de arriba Pablo dice que el fruto de nuestra justicia viene por medio de Jesucristo. En otras palabras, no estamos justificados ante Dios por lo que hacemos, sino por lo que Jesús ha hecho por nosotros. ¡Esta realidad es muy importante para aquellos que piensan que tienen que ganar el amor de Dios o trabajar duro para guardar Su amor! Somos aceptados y amados en Jesús.
Una prueba de que Jesús nos ha cambiado es que tenemos un amor abundante.
Pablo oró que los cristianos en Filipos tuvieran un amor que abundaba más y más. ¿Por qué? Primero, “a fin de que escojan lo mejor.” En otras palabras, para que ellos supieran lo que es importante. (El amor de Dios tiene una manera de mostrarnos lo que es importante.) Segundo, para que pudieran ser puros y sin mancha para el día de Cristo. Ser puro es ser limpio e impecable, y sin mancha es estar libre de culpa. ¡En Cristo, no somos culpables!
En estos versículos vemos que un amor abundante es una manera en que nuestras vidas demuestran que no tenemos culpa ante Dios por causa de Jesús. Es “el fruto de justicia.” No es lo que hacemos, sino lo que Jesús ha hecho por nosotros. Todo se hace de una manera que Dios es glorificado por la diferencia que Jesús hace en nuestras vidas.