Paz en el Medio de una Tempestad

Y se llenaron de gran temor, y se decían unos a otros: “¿Quién, pues, es Este que aun el viento y el mar Le obedecen?” (Marcos 4:41)

En nuestras vidas, tenemos muchas “tempestades” – pruebas, problemas, y/o situaciones duras. De hecho, mientras escribo este devocional, nos encontramos en el medio de una pandemia y una cuarentena. Y más, al mismo tiempo, hay protestas alrededor del mundo. Podríamos decir que estamos en una violenta tempestad.  

Este texto de Marcos 4:35-41 nos enseña que en el medio de cualquier tempestad en nuestras vidas, es posible tener paz. ¿Por qué?

  1. Jesús nos cuida. En v. 38, los discípulos le dijeron a Jesús, “Maestro, ¿no Te importa que perezcamos?” A veces sentimos como si nuestra situación, nuestra tempestad, no le importa a Jesús. Pero, no es la verdad. Él nos cuida. Podemos ver esto por lo que Jesús hizo en esta historia. Él detuvo la tempestad. En nuestra vidas, a veces, Jesús detendrá la tempestad, y otras veces no. Sin embargo, siempre Él nos cuida, y está con nosotros.
  1. Jesús es soberano. En v. 39, “Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar, ‘¡Cálmate, sosiégate!’ Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma.” ¡El viento y el mar obedecieron a Jesús! ¡Qué increíble! Él tiene el control de todo. 
  1. La fe es el antídoto al miedo. En v. 40, Jesús dijo, “¿Cómo no tienen fe?” Los discípulos habían visto las obras de Jesús – los milagros, Su compasión, y Su autoridad (Su poder). Ellos habían escuchado al mensaje del evangelio del reino de Dios. Sin embargo, según Jesús, todavía a ellos les faltó fe. Al pensar en nuestras vidas, en la Biblia, en las promesas de Dios, en quién es Jesús, tenemos todas las razones para confiar en Él. 

No deberíamos estar atemorizados; sin embargo, deberíamos temer a Jesús (el Hijo de Dios). En v. 41, “Y se llenaron de gran temor …” Claro, la fe es el antídoto al miedo, pero deberíamos tener una maravilla de Dios llena de asombro. Jesús es soberano de todo, y nada puede separarnos de Él (Juan 10:28-29) ni Su amor (Romanos 8:38-39). Por tanto, es posible que tengamos paz en el medio de todas de las tempestades de esta vida.   

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