Y me dijeron: «El remanente, los que sobrevivieron a la cautividad allá en la provincia, están en gran aflicción y oprobio, y la muralla de Jerusalén está derribada y sus puertas quemadas a fuego». (Nehemías 1:3)
Cada persona en el mundo ha pasado por una dificultad (o un problema), está pasando por una, o pasará por una. Es una realidad del mundo caído, Por lo general, hay dos tipos de problemas. (1) Los que causamos. (2) Los que nos pasan. Pero, ¿qué hacemos cuando nos encontramos en un problema? Creo que, no importa qué tipo de problema es, la solución es la misma. Y creo que Nehemías nos da un buen ejemplo de como responder a los problemas. Al leer Nehemías 1 y 2, vemos los siguientes pasos para enfrentar nuestros problemas::
- Entienda bien el problema (1:3).
- Llore porque hay un problema (1:4).
- Ayune y or (1:4b). Lleve el problema a Dios.
- Reconozca quién es Dios (1:5)
- Confiese sus pecados a Dios (si hay) (1:6-7). Ser honesto con Dios y consigo mismo.
- Recuerde a Dios Sus promesas (1:8-10).
- Pide a Dios que le escuche, que conceda el éxito y que tenga misericordia (1:11).
- Entienda que no es posible negar sus miedos (2:2b).
- Siga orando (2:4b).
- Tenga un plan (2:5-8). Pero, después de oración y haber buscado la voluntad de Dios.
- Reconoce la obra y la gracia de Dios en su vida (2:8).
Al seguir el ejemplo de Nehemías no es una manera de quitarnos los problemas en nuestra vida, sino es una solución para enfrentarlos. También, hay que recordar que Jesús nos dijo, como cristianos: «en el mundo tienen tribulación» (Juan 16:33).
También, en 2 Corintios 12, Pablo oró sobre un problema fuerte en su vida, y él dijo: «Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí. Y Él me ha dicho: «Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad». Dios no lo quitó de Pablo, sino le dio Su gracia.
En cada problema, podemos confiar en Dios y en Su amor, gracia, y misericordia.