Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas. Se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán. (Isaías 40:31)
Yo no sé sobre ustedes, pero hay momentos en los que necesito renovar mis fuerzas. A veces, estoy cansado. A veces, estoy agotado, y necesito descansar.
Dos verdades me llaman la atención de Isaías 40:31. La primera, la manera de renovar nuestras fuerzas es esperar en el Señor. El puritano, Matthew Henry, escribió, “Esperar en Dios, es vivir una vida de deseo hacia Él, deleite en Él, dependencia de Él, y devoción hacia Él.” Cuando Dios es el centro de nuestros afectos, renovaremos nuestras fuerzas. Dios tiene lo que necesitamos, incluyendo fuerza. Dependemos de Dios.
La segunda verdad es que Dios nunca necesita renovar Sus fuerzas. Él es una fuente infinita de fuerza. Él es Dios, y Él tiene todo poder y toda autoridad. Él nunca cambia. No hay ningún momento en que Dios está cansado ni necesita descansar. Él es capaz de darnos de Sus fuerzas sin perder un miligramo de Su fuerza. Él no es más débil por nos haber dado de Sus fuerzas.
Porque a veces, muchas veces, necesitamos renovar nuestras fuerzas, y porque Dios es una fuente de fuerza infinita, dependamos de Él en cada momento.